Qué dicen sobre mis obras
Fernando Sánchez Dragó: Palabras para un amigo http://www.sanchezdrago.com/Web/Escritos/palabras.htm
Ana María Nimo: La ciencia de la creación artística https://www.elmundo.es/elmundo/2012/10/17/cultura/1350492979.html
Javier Redondo: El Pintor de sueños fractales
http://www.avuelapluma.com/el-pintor-de-suenos-fractalesç
Fundación Antonio Pérez: Esculturas de Félix Arellano https://www.fundacionantonioperez.com/index.php/es/2008-c/754-esculturas-felix-arellano
Diputación de Cuenca: Exposición de Félix Arellano en la FAP
Carlos Delgado Mayordomo: Esculturas de Félix Arellano Falta fecha y enlace si hay
Las esculturas de Félix Arellano se configuran desde una abstracción que revela una forma muy determinada de pensamiento creativo: figuras ovales y registros matemáticos dominados por la progresión geométrica de Fibonacci; ritmos fractales de alta precisión discursiva; repertorios iconográficos que pueden analizarse y cuantificarse según parámetros matemáticos; en definitiva, las cadenas de pensamiento que rigen el método creativo del artista funcionan de acuerdo a la problemática de los números. Sin embargo, la formulación científica de su mirada no ahoga la actividad creativa de las “perturbaciones” ajenas a lo modular.
En otras palabras, Félix Arellano explora las relaciones entre lo mensurable y lo impredecible, y en este ajuste consigue armonizar una serie de contrarios como son la razón y la intuición, lo consciente y lo inconsciente, la práctica y la teoría.
Los términos de cada binomio se nutren mutuamente para generar una materia
visual que emociona desde el interior del teorema. Félix Arellano trabaja con la complejidad, con estratos que se integran para generar estructuras inagotables a partir de elementos finitos. La combinatoria de estas primeras matrices modulares genera formas insospechadas, aún cuando, según ha señalado el propio artista, “en mi obra las cosas ocurren de una manera natural y casi obligada”.
Esta formulación plástica coherente, de la que Félix Arellano tiene el secreto, nos revela el alcance de la lógica interna de su pensamiento, donde el orden dinámico dota de vida a unas formas que surgen directamente de una geometría de carácter
meditativo. Su experiencia con un modo particular de creación pictórica, vinculada a la captura y regeneración de imágenes a través de sistemas informáticos, puso las bases de un complejo entramado en el que la energía abstracta de lo racional diseñaba la compleja arquitectura compositiva. Resulta pertinente establecer este punto de partida para entender su obra escultórica actual, porque muchas de sus exploraciones últimas encuentran su génesis en sus experimentos bidimensionales.
En aquellas primeras creaciones, el artista mezclaba códigos incompatibles de representación (figuras extraídas de la pintura de Egon Schiele y de Gustav Klimt, por ejemplo, junto a estructuras mandalas compuestas por círculos, cuadrados y ojos). De hecho, el artista no buscaba entonces alcanzar un equilibrio o apaciguar esa tensión, sino volver complejo y heterogéneo el sentido de su obra y, con ello, activar la mirada pasiva del espectador.
Pero tras estas primeras creaciones híbridas, la pintura de Félix Arellano se orientó hacia aquellos postulados que son los que explican, en gran medida, las estrategias de su producción escultórica. El interés por un universo hermético de signos regulares, compuesto por formas geométricas reconocibles y mensurables, pero cuya disposición y diálogo genera composiciones cuyos significados sólo podemos intuir, determinará la que, a mi juicio, es la investigación más sólida de todas las planteadas por el artista en sus inicios. Aquella primera glosa de elementos gráficos se abre ahora hacia una proyección tridimensional, lo cual no quiere decir que sus esculturas sean una mera reinterpretación de sus pinturas; al contrario, el artista reflexiona sobre la ocupación de los motivos geométricos en el espacio, y de ahí que valore el triángulo esférico como sistema modular clave, junto a una elipse de Fibonacci cuyo perfil se dilata y genera un ámbito transitable.
En su tratado ‘De re aedificatoria’ (1442-1452), Battista Alberti definía el término concinnitas como un conjunto de leyes interrelacionadas con el fin último de reconocer la belleza en la conjunción de los elementos de un mismo cuerpo arquitectural. Proporción, número y ritmo, elementos claves de esta poética conceptual, son ahora conjugados con muy diferentes variables por Félix Arellano. De ahí el sereno clasicismo y la inquietante monumentalidad de sus esculturas, pues aún en aquellas en las que la complejidad se revela más acusada, seguimos percibiendo las
líneas maestras que han generado la estabilidad mensurada de su caligrafía.
Por otro lado, al conjurar su iconografía desde la abertura tridimensional, Félix Arellano entiende que el carácter sensual y táctil de la materia no es cuestión baladí. De ahí su insistencia en proyectar sus esculturas a través de muy diversos materiales, de experimentar no sólo con la interrelación de las formas sino también con la piel vista o pintada del bronce, la madera o el poliuretano. Precisamente, el color juega en la obra de Félix Arellano una función estructural, nunca meramente ornamental, pues pone de relieve la arquitectura interior de la construcción, la lógica que eleva su
despliegue en el espacio. Simetría, equilibrio, carácter concéntrico, son algunas de las
características de dotan a sus obras de esa monumentalidad a la que antes hacíamos referencia. El orden de la materia, estrechamente urdido, hace convivir las nociones de repetición y variación. Esta última trasciende, por su riqueza, las estructuras primarias sobre las que comienza a operar el artista, al tiempo que aporta perspicaces hallazgos visuales; de hecho, al someter lo regular a lo experimental, Félix Arellano consigue transmutar la cifra en energía. De ahí que las yuxtaposiciones de elementos formales modulares en torno a un núcleo tengan algo de constelación palpitante y musical.
En la obra del artista intervienen motivos de la astrología, la cábala y otros campos místicos y esotéricos: los hexagramas del libro de I Ching, los esquemas del ying y el yang o los mandalas configuran un repertorio que ha estado presente en gran parte de la producción de Félix Arellano; sin embargo, estos motivos se ejecutan ahora de tal forma que sus implicaciones simbólicas quedan minimizadas. La sugerencia ha ganado terreno a la evidencia, y la introspección contemplativa –estadio al que apelan, sin duda, sus esculturas– es invocada desde una síntesis conceptual plenamente definida.
Antonio Madrigal (El Adelantado de Segovia) falta fecha:
Las esculturas de Félix Arellano tienen belleza dinámica. Aquella exposición con Dragó cautivando al personal con su viaje a China, fue un buen comienzo que me sirvió para
comprobar que era un buen camino él de las esculturas. Y si mi amigo Javier Redondo una vez más lo explica bien, leámosle a él.
En esta ocasión, la exposición de los cuadros y esculturas de Arellano se encuentra en la población madrileña de Fuente el Saz de Jarama, bajo el auspicio de la empresa SVS, que cede al artista sus instalaciones para la mejor difusión de su obra. Y dado que ésta se encuentra en permanente evolución en manos de un creador de talento como lo es Félix Arellano, poeta de sueños fractales, ahora nos sorprende a amigos, propios y extraños, con un salto cualitativo, entendiéndolo como el que tiene por objeto
descubrir y aislar los elementos de un cuerpo compuesto que es su obra artística, y que ahora se materializa además en esculturas de proporciones áureas.
Las obras de Félix Arellano siempre buscan la imposible representación de lo interminable, de lo inabarcable, de lo ilimitado, escudriñando casi a tientas en la oscuridad de la infinitud de lo infinitesimal; quizás en el momento en el que lo consiga, en el que halle la luz esencial que se atisba en cada uno de sus cuadros y esculturas, habrá logrado alcanzar la perfección, el objetivo primordial del Arte tal como lo concibieran los antiguos: la búsqueda incansable de la Belleza, la Bondad y la Verdad.
Eduardo González Velayos, presidente del Colegio de Aparejadores de Madrid, en el catálogo de mi la primera exposición en el Colegio. Falta fecha
“Me pide mi amigo Félix Arellano unas palabras de presentación para su catálogo. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y de él quiero señalar su curiosidad por todas las cosas. Es Físico y Aparejador, comenzó trabajando en el Consejo de Investigaciones
Científicas, fue profesor en nuestra Escuela. Ha sido profesor asalariado al servicio de la empresa, empresario, y sobre todo de lo que se siente más satisfecho es del ejercicio libre de nuestra profesión.
………..De las palabras de su catálogo hay algo que me inquieta sobre todo, ¿¡qué quiere decir yo solo pinto lo que me ordenan. Y esa amenaza de los ordenadores que ya nos ganan al ajedrez. ¿Estamos hablando de un arte programado? Me gustan sus cuadros y noto en ellos que habla, de encontrar cómo y porqué pintaban sus pintores favoritos Egon Schiele y Gustan Klimt.
…………….Me alegro de este nuevo camino de mi amigo. Y por último considero de interés ver las posibilidades que las nuevas técnicas de impresión sobre distintos materiales se abren para nuestra profesión”.
José Pablo de Pedro, director de Realtech, Falta fecha
“Con motivo de la inauguración de nuestras nuevas oficinas hemos creído oportuno hacerlo con la presentación de unos cuadros íntimamente relacionados con nuestra actividad, los sistemas de información. En otra exposición anterior al pintor le preguntaban, si se puede hablar de un “arte programado”, palabras que a priori parecen contradictorias. Las obras de Félix Arellano están diseñadas con los principios matemáticos que hace siglos descubrimos que rigen las formas y la belleza de la naturaleza. La razón áurea está presente en su obra en las relaciones entre los colores, así como en las razones entre los tamaños de las formas. Mezcladas con las composiciones fractales y repeticiones ad infinitud presentes en los pequeños detalles del mundo en que vivimos. El diseño por ordenador permite a Félix imbuir a gran escala estos principios que hemos visto presentes en obras de la Grecia clásica o el Renacimiento italiano. Principios que no son aparentes a primera vista pero que sin duda nos hacen percibir la armonía de los colores y de su composición. Espero que los disfruten”.